A. C. Bhaktivedanta S. Prabhupada.
La luz del Bhàgavata En esta era de civilización atea, los sabios de grupos religiosos reconocidos mundialmente que creen en Dios, no deben aislarse sino salir a predicar las leyes de Dios, la voluntad suprema, a la gente en general. Hindúes, musulmanes, cristianos y demás miembros de los grupos que poseen fe firme en la autoridad de Dios no deben quedarse cruzados de brazos mientras observan silenciosos el rápido crecimiento de una civilización atea. Existe la voluntad suprema de Dios y ninguna nación o sociedad podrá vivir en paz y prosperidad sin la aceptación de esta verdad fundamental. La advertencia está hecha, y los líderes a cargo de los distintos grupos religiosos deben reunirse y formar una plataforma común de una liga de devotos del Señor. No hay necesidad que las almas autorrealizadas vivan en lugares apartados. Las almas perfectas y autorrealizadas que se ocupan en el servicio del Señor no temen a mâyâ (la ilusión), así como los ciudadanos que respetan las leyes del estado no temen a la policía. Estos audaces devotos de Dios siempre hablan sobre bases científicas acerca de la existencia de Dios, aun a riesgo de morir. Ellos sienten compasión por la gente que ha olvidado por completo al Señor Supremo y que se ha entregado a una falsa búsqueda de la felicidad que culmina en los mismos placeres sensuales de los aquel disfrutan los cerdos y los perros.
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